martes, 4 de noviembre de 2008

QUÉ NO HARÉ

Cosas que no haré:
Ver aquella película.
Ir a la exposición de Caixa Forum.
Peregrinar en la India.
Visitar aquella pequeña iglesia,
en mitad de lago Van perdida.
Cocinar para ti.
Dejarme comer a besos.
Trabajar en silencio, los sábados por la mañana;
mientras reposas, exhausto y desnudo, sobre mi cama.
Hablar contigo, cada noche.

Porque ya no estás.
Ni pude, ni supe retenerte.

domingo, 2 de noviembre de 2008

¿QUIRÚRGICO?

Rápido, que no indoloro.
Ni para él.
Ni para mí.

domingo, 7 de septiembre de 2008

¿HA SIDO UN ERROR?

Según por la puerta sales, el teléfono me pides.
Bien sabemos ambos que no nos llamaremos.
Si un error has sido, aún no lo sé.

Ayer distinto todo era.
Amigos, música, vino. Risas y juegos.
Entraste y sonriendo, me regalaste un nuevo nombre.
Y, ¿cómo no caer? Guapo y joven. Decidido.
Bien sabías lo que querías.
Ayer, tu trofeo fui yo.

Sentirme honrado, aun dudo.
Sin embargo, miraban todos con envidia.
Con lascivia casi, cuando mi pelo acariciabas.
Con incredulidad, tal vez:
cuando, casi, en la alfombra terminamos.
Invisibles casi fuimos.

Definitivamente, el gran premio a casa llevé.
Entonces, ¿por qué te sentí diferente?
Cuando sobre mi pecho te hallabas,
Cuando, finalmente, la boca me comías.
O al recorrer mi lengua
tu blanca, depilada; musculosa y tersa piel.

De la verdadera fuente de mi placer aun dudo.
¿Nuestro orgasmo simultáneo, esa doble eyaculación?
¿El preludio de tu marcha?

Por la mañana, desnudo, yacías en mi cama.
Tu orondo culo listo para ser penetrado.
Tu inocencia, fingida antes, finalmente revelada.
¿Qué hacer con tan magnífico manjar?
Cubrirlo. Un café y una ducha.
Para acallar mi deseo. Tal vez culpa.
O las múltiples, que renacen, cual hidras, por la mañana.

La puertas cierras. Y me pregunto:
¿Qué te diré si llamas?

martes, 26 de agosto de 2008

EL JOVEN ESPERA

¡Cómo te muestres, lánguido,
Mientras en avión esperas!

Inquieto en tu asiento, miras.
Dudas.

Y una vez más, tu pelo acaricias.
Suspiras.

Mientras, te imagino.

lunes, 19 de mayo de 2008

DOS HORAS EN SU PODER

Vuelvo, regreso al rincón secreto,
al placer sutil.
Curioso, sentir nuevamente, desvelado,
su mano en mi abdomen, su tacto en mi escroto.
El tenue contacto de su dorso contra mi pene.
Después de tantos hombres,
tantos que no recuerdo, éste domina mi noche de insomnio.
Me llama desde su silencio, desde su oscuridad.
Entiendo, solo ahora, las perdiciones,
las obcecaciones. La ciega pasión.

Y regreso, buscándolo,
intentando reconstruir el placer.
Extenderlo, aunque solo fuera por dos horas, antes de partir.

Mas, es otro. Un masajista distinto,
tal vez más atractivo. Más maduro.
Y quizás sospechando, no cierra completamente las cortinas.
Cubre, púdicamente, mis genitales deliberadamente semiexpuestos.

¡Ah! Pero qué placer inesperado:
la sublimación cuando imposible parecía.
De gloria, niveles nuevos.
Fuertes dedos que penetran, que casi desgarran mis carnes.
Un contacto íntimo, cercano.
Su peso sobre el mío.
El calor de sus genitales en mi trasero,
el milímetro de separación,
entre sus manos y los míos.
Y mi pene cobra vida. Lánguidamente tal vez,
Pareciera que bostezara.
Lentamente se desplaza sobre el fino, tenue lino.
Ya se yergue, sin despertar del todo.
Casi como velas de barco, con viento calmo.
Pero siempre dispuestas a conducirte a incógnitos lugares,
Inflamadas por una súbita tormenta.

Él nada dice, continua trabajando mi cuerpo.
Pero los toque casuales continúan.
Uno y otro. Sí y no.

Insistente, reiterativo, como las olas.
El contacto, siempre distinto,
Golpea, amasa, en los lugares mas inesperados.
En ciertos momentos, enlazados,
que extraño animal pareceríamos, de entrar alguien.

Nunca directo, confesaré que es más mi imaginación que su acción.
Pero me pierdo en su tacto,
Y el orgasmo, aunque distinto,
no por ello su valor pierde.

Se cumple mi tiempo. Se inclina, sonríe.
¿Complicidad? Tal vez un destello en sus ojos.




domingo, 18 de mayo de 2008

¿MASAJE TAILANDÉS?

Tan oriental, hasta los últimos detalles.
Maderas obscuras, camas bajas.
Cortinas que, suave, silenciosamente, la privacidad conceden.
El dulce olor a sándalo...

Lo primero, el fragante, estimulante lavado de pies.
Qué sustancias eran aquéllas nunca lo sabré.
Pero un buen comienzo fue.

El segundo acto, sugerente.
Por señas, que me quedara desnudo, me indicó.
Que cubriera mi cuerpo con semitransparente lino.

Me perdí luego en sus manos mientras masajeaba
mis pies, mis extremidades.
Tal vez sus manos se acercaron demasiado a zonas peligrosas;
Tal vez era necesario presionar aquí, allá. Cerca y lejos.
Pero sus manos recorrían insistentemente mis genitales,
o sus proximidades.
Tal vez fue mi invitación, involuntaria:
la incipiente erección.

Ciego, en aquella penumbra, sonreí.
Invitador.
Y deje que los contactos casuales
(manos, pies, muslos y nalgas)
se prolongasen.

Si, extraño masaje thai.
Otra pasta sobre el abdomen,
estimulante.
Pero fue mucho mas de esa zona la que recorrió.
Buscando puntos sensible se adentró:
en mis músculos, en su intersección;
mi pubis, mi entrepierna, mi perineo.

Una y otra vez, insistentemente.
En un baile circular, con ligeros toques.
Por supuesto, suficientes.
Ya en los inicios mi pene erecto mostraba
lo que sentía al respecto, yo.
Vuelta y otra más.
jamás tan sutilmente fui masturbado.
Un inocente, experto; profesional masaje.

Qué necesidad había de empezar con mi espalda, no entiendo.
Si tan solo se hubiera detenido en mi trasero,
en mi duro culo.
Si hubiera explorado puntos sensibles.
Yo, ciertamente, no me hubiera negado.

La hora se cumplió,
Una sonrisa, una genuflexión.
Desapareció tras una cortina.
Como en un irreal sueño.

Sí,
tan sutilmente, jamás fui masturbado.

jueves, 1 de mayo de 2008

LO QUE DEJASTE

Tu olor en mi piel ...

La frustración de no sentir tu peso sobre ella.

Eso es todo... lo que me dejaste.

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