viernes, 10 de agosto de 2007

Adriano

Sin duda, un personaje fascinante. Novelado de manera excepcional en el libre de Marguerite Yourcenar. La historia de amor con Antinoo me ha hecho soñar, me ha conmovido. He incluso querido ser el jovencito favorito del emperador.

Ahora encuentran una estatua gigantesca de Adriano en Turquía. En unos baños, donde tanta sensualidad debió tener lugar. Muy apropiado.

Los baños ... romanos, árabes o turcos. Vapor y los sueños hechos de él. Jirones que desvelan misterios. O los sugieren. Miradas indiscretas, atenuadas por el calor, la languidez provocada por los súbitos cambios de temperatura. Hombres medio desnudos, en medio de otros hombres. Sombras buscando un destino, aunque dure éste cinco minutos...

Tal vez deberían dejar la gran estatua de Adriano en ese lugar. Tal vez, después de todo, sea el lugar más adecuado. Junto a otra de Antinoo.

martes, 7 de agosto de 2007

Prometí que nunca más

¡Qué débil! Me prometí a mi mismo que nunca más, que no volvería a ocurrir.

Insatisfecho, frustrado después de una experiencia totalmente irrelevante. Mecánica, inhumana. Sexo solo por el sexo. Ni siquiera tuvo calidad, perfección técnica. Aunque he de reconocer que sabía lo que quería. Directo, con posiciones bien estudiadas. Pero era él, era yo: no había "nosotros".

Ni un beso, ni una caricia. Nada, salvo una vacío mayor que cuando entré en su casa.

Y juré que nunca más, que no se repetiría semejante experiencia. Que prefería pasar sin sexo. O tenerlo solo.

Ni tres días tardé. No lo iba buscando. O casi no. Un paseo por el parque, en bicicleta. Tal vez quería ahogar el deseo en el esfuerzo físico. Tal vez quería saciar mi sed con la visión de la gente, de los cuerpos; los olores.

Sentado, leyendo, observaba de vez en cuando. Bien sabía yo que el peligro estaba ahí, que la tentación me buscaba. Pero fue él quien me miró, insistentemente. Fue él quien se acercó, sonriendo. Me tomó la mano tiernamente. Por unos instantes fuimos como adolescentes.

He de confesar que valió la pena. Más tarde, en casa, desnudos, nos entregamos. No solo fue sexo; mi piel todavía recuerda sus besos por todo mi cuerpo.

"Los hados lo dirán", respondí cuando me pidió otra cita. Creo que el recuerdo de este fugaz encuentro es suficiente.

jueves, 2 de agosto de 2007

TU RESPIRACION Y MI ESPALDA


¿Quién diria, que sería tan intensa?
Tu respiración sobre mi espalda,
el calor de tu aliento en mi cuello.
Tu cuerpo sobre el mío; tu peso.

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