jueves, 4 de octubre de 2007

NO WORDS

Alone, in an unknown city.
Walking along, getting the pulse.

And he passes by, and looks.
Three steps, three seconds.
And looks again.

Can it be? Such a beauty ...
Me?
So I wait. He turns. Come back.
It must be the air, the smell.
The recent storm;
the botanic garden, the fumes.
Intoxicated, that must be.

But for once this is real.
"Take me home", I said.
Afraid of his lack of English;
Afraid of his answer.

"Nearby, I live. Come".
In five minutes, both naked.
No, cannot be.
This beauty, this latin lover.
Fair versus brown, the skin.
Soft touch, gentle arms.
Fury and passion, so sudden.
And the mouth, the lips.
What a kiss, how curious his tongue!

Very short eternity.
His slim muscles relaxed;
the curves of his body, exposed.
Tenderness, after crazy sex.

Real, can it be?
Why now, why here?
So far, so short.
Just a dream.
The garden fumes, the exotic plants.
A fantasy, that must be.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Un albergue, unas duchas

Un albergue, unas duchas:
Seis oportunidades.


Al fin aparece, una al menos.
Último día, tiene que ser ahora.
En mi cabina, secándome, observo.
Joven, blanca piel.
Pocos más de veinte, tienen que ser.
Se desnuda lentamente;
me deleito mientras sueño.


Una mirada de soslayo. Otra. Una tercera.
Y un giro de su cuerpo.
Ocultando su delito, la incipiente erección.
Se inclina, tal vez se resguarda.
Pero me ofrece el peligro,
la blanca, suave curvatura de su cuerpo.


Sin pensar, mi mano se adelanta.
Sobre su cintura se posa,
acaricia su nalga.
Él tiembla. Y posa su mana sobre la mía,
mientras un suspiro se escapa.


- ¿Estás solo?
Un gesto, un 'no', por respuesta.
- ¿Primera vez?
Ojos que rehuyen, mirada nerviosa, un tenue sí.
- ¿Quieres ...?
Carraspeo, duda:
- No ... Sé ... Sí.


Cuerpos que se juntan,
beso en el hombro, calidez de su pene.
Excitación, sin control. Preeyaculación.
El corazón, frenético.
El deseo... el peligro.


Se vuelve, se me ofrece.
besando su cuello, su espalda,
descendiendo.
Exploro, horado con mi lengua.
Preparo el camino.
Sorprendentemente abierto, soñado mil veces tal vez.


Me sumerjo en él. Penetro y vuelvo a penetrar.
Golpes de cadera contra cadera;
mar y tierra, acantilado batido por la tormenta.
Acaricio su pecho, muerdo su cuello, le masturbo.
Demasiado para él, para mí.
Calor y humedad en mis manos.
Exhalación, sacudida sin control.


Agotado, sobre una silla se abandona.
Sonríe. Beso sus labios.
Lentamente, le empujo a su ducha; me meto en la mía.


Justo a tiempo.Entran, no sospechan.
Veo su silueta en el cristal,
el agua que resbala sobre su piel,
las gotas que rebotan.
Recuerdo su tacto, su olor.
Celos siento.


Deprisa, se seca, se viste.
Ni una palabra. Solo una mirada. Y la complicidad.
Se marcha.
Del baño, del albergue. De mi vida.


El recuerdo perdura.
Como siempre, el olor también.

viernes, 10 de agosto de 2007

Adriano

Sin duda, un personaje fascinante. Novelado de manera excepcional en el libre de Marguerite Yourcenar. La historia de amor con Antinoo me ha hecho soñar, me ha conmovido. He incluso querido ser el jovencito favorito del emperador.

Ahora encuentran una estatua gigantesca de Adriano en Turquía. En unos baños, donde tanta sensualidad debió tener lugar. Muy apropiado.

Los baños ... romanos, árabes o turcos. Vapor y los sueños hechos de él. Jirones que desvelan misterios. O los sugieren. Miradas indiscretas, atenuadas por el calor, la languidez provocada por los súbitos cambios de temperatura. Hombres medio desnudos, en medio de otros hombres. Sombras buscando un destino, aunque dure éste cinco minutos...

Tal vez deberían dejar la gran estatua de Adriano en ese lugar. Tal vez, después de todo, sea el lugar más adecuado. Junto a otra de Antinoo.

martes, 7 de agosto de 2007

Prometí que nunca más

¡Qué débil! Me prometí a mi mismo que nunca más, que no volvería a ocurrir.

Insatisfecho, frustrado después de una experiencia totalmente irrelevante. Mecánica, inhumana. Sexo solo por el sexo. Ni siquiera tuvo calidad, perfección técnica. Aunque he de reconocer que sabía lo que quería. Directo, con posiciones bien estudiadas. Pero era él, era yo: no había "nosotros".

Ni un beso, ni una caricia. Nada, salvo una vacío mayor que cuando entré en su casa.

Y juré que nunca más, que no se repetiría semejante experiencia. Que prefería pasar sin sexo. O tenerlo solo.

Ni tres días tardé. No lo iba buscando. O casi no. Un paseo por el parque, en bicicleta. Tal vez quería ahogar el deseo en el esfuerzo físico. Tal vez quería saciar mi sed con la visión de la gente, de los cuerpos; los olores.

Sentado, leyendo, observaba de vez en cuando. Bien sabía yo que el peligro estaba ahí, que la tentación me buscaba. Pero fue él quien me miró, insistentemente. Fue él quien se acercó, sonriendo. Me tomó la mano tiernamente. Por unos instantes fuimos como adolescentes.

He de confesar que valió la pena. Más tarde, en casa, desnudos, nos entregamos. No solo fue sexo; mi piel todavía recuerda sus besos por todo mi cuerpo.

"Los hados lo dirán", respondí cuando me pidió otra cita. Creo que el recuerdo de este fugaz encuentro es suficiente.

jueves, 2 de agosto de 2007

TU RESPIRACION Y MI ESPALDA


¿Quién diria, que sería tan intensa?
Tu respiración sobre mi espalda,
el calor de tu aliento en mi cuello.
Tu cuerpo sobre el mío; tu peso.

miércoles, 18 de julio de 2007

¿Quién persigue a quién?

¿Será mi subconsciente quien me traiciona, quien realmente me fuerza mostrarme sugerente, invitador, a los desconocidos? ¿Y justamente ahora, cuando tengo pareja?

Las ofertas son múltiples, en cualquier sitio. En los vestuarios de una piscina pública, en la calle al caminar, en un ascensor de un centro comercial, con amigos y antiguos amantes. Tal vez vean en mi cara mi debilidad, mis dudas.

Hoy mismo he tenido que tomar una de las decisiones más difíciles de mi vida adulta desde el punto de vista emotivo. Alto, gallardo, y musculoso, con su pelo largo y moreno parecía una galán de telenovela. El cruce de miradas exploratorio, el medio giro al pasar, como si fuera una verónica. El nuevo giro, descarado, para confirmar lo sabido. La espera unos metros más allá. En mi caso, real, para cruzar la calle. En el suyo, conveniente.

Dudé y dudé. Y casi me angustié al salir de la tienda y verlo allí, displicente, apoyado en el poste de la luz, con la pierna semi doblada mientras jugaba con su pulgar en su boca, con sus carnosos labios. Hombres así deberían estar prohibidos.

Giré y me volví a casa por otro sitio. Me duché... para terminar masturbando pensado en él. Me preguntó qué hizo él. Y qué haremos si el destino nos vuelve a cruzar.

domingo, 8 de julio de 2007

Joseph



Un papel, una dirección, de email.
Yahoo, un sitio de encuentro.
Como lo fue tu tienda.
¿Me reconociste, o fui yo a ti?

Tus ojos, tu sonrisa. Tus sueños.
Un puente soy. ¿Hacia dónde?
¿Qué tipo de paraíso buscas?
¿Mi cuerpo, mi tierra?
Lo que quieras, te doy.


Sólo pide.

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